Los sofistas (literalmente, en griego, <<sabios>>) negaban la existencia de una verdad externa e independiente de las controversias humanas y sostenían las tres tesis fundamentales.
- El fenomenismo: La realidad no puede ser conocida en si misma, solo sus apariencias (fenómenos).
- El subjetivismo o relativismo: Cualquier conocimiento depende del sujeto.
- El escepticismo: Es imposible decidir sobre la verdad o la falsedad de cualquier proposición.
Protágoras, nacido en Abdera en el año 491 a.C., sintetizo magistralmente estas ideas en una celebre sentencia : <<El hombre es la medida de todas las cosas. Tal como las cosas me parecen a mi, así son para mi; tal como las cosas te parecen a ti, así son para ti.>> Por consiguiente, existen solo opiniones, no verdades: cada sujeto escucha siempre en función de lo vivido, sin que exista posibilidad alguna de construir un discurso objetivo.
Gorgias, nacido en Lentini (Siracusa) en el año 490 a.C.; fue mas allá y se libero de una vez, mediante una visión nihilista (nihilismo), tanto de la ontología (afirmando que <<nada existe>>) como de gnoseología (afirmando que <<si algo existiese, no podría siquiera ser pensado>>) y de la lógica (así como de la misma posibilidad de una cultura): <<Si algo existiese y tuviese la posibilidad de ser pensado, igualmente no seria comunicable de ningún modo>>.
La invitación sofista a creer aquello que se quiere, lo que comporta la disolución de la misma idea de verdad, provoco una fuerte reacción primero en Sócrates y, después, en Platón. Sin embargo, la aspereza del enfrentamiento entre estos dos filósofos y los <<sabios>> escondía, asimismo, otras explicaciones. De hecho, el movimiento sofista representaba algo completamente nuevo en el modo de concebir la actividad del filosofo, que los sofistas no entendían como una investigación (dado que no hay ninguna verdad que encontrar) sino como una profesión (por cierto, muy lucrativa). Los mayores beneficios procedían de las lecciones de retorica impartidas a los jóvenes atenienses interesados en la carrera política. Cuando era necesario, los sofistas se transformaban en logógrafos(literalmente >>escritores de discursos>>) y desarrollaban tareas que hoy en día competen al "ghostwriter" (el <<escritor fantasma>> que prepara los discursos de los políticos) y al abogado. En los tribunales atenienses cada acusado debía defenderse por si mismo, y los imputados que no poseían dotes de elocuencia se limitaban a leer la arenga preparada por el logógrafo.
Otra peculiaridad que Sócrates consideró escandalosa era la identificación de la filosofía con espectáculo. Estos <<profesionales del pensamiento>> gustaban de exhibirse con demostraciones publicas de sus capacidades: se desafiaban a improvisar discursos extemporáneos sobre un tema planteado por el publico, o bien se enfrentaban en competiciones de elocuencia o de memoria. El espectáculo preferido por los sofistas era el de las <<antinomias>>: consistía en persuadir primero a los espectadores sobre una tesis cualquiera con argumentos convincentes, para después sostener con argumentos igualmente validos la tesis contraria (demostrando así la posibilidad de rebatir cualquier teoría).
Texto extraído del libro: Atlas Universal de Filosofía (manual didáctico de autores, textos, escuelas y conceptos filosóficos) / Editorial OCEANO.
Texto extraído del libro: Atlas Universal de Filosofía (manual didáctico de autores, textos, escuelas y conceptos filosóficos) / Editorial OCEANO.

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